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miércoles, 24 de octubre de 2018

LA ASESINA


Se sentía aburrida, añoraba tiempos pasados y aún más su niñez.
Vivía con él desde que ella tenía memoria, cuando era una niña, siempre jugaban juntos, eran amigos inseparables. A ambos les gustaba jugar al escondite y al pilla pilla. Ella recordaba como corrían los dos juntos para ver quién era más veloz.
 ¡Ay cómo añoraba aquel tiempo!
Y es que el hombre, con el paso de los años, había dejado de vivir -pensaba ella-.
Su amigo se pasaba horas sentado en el sillón de casa; viendo televisión, pegado a su ordenador, comiendo o frecuentando algún bar con algún conocido. 
Ella ansiaba saltar, correr, trepar, incluso pisar charcos, llevaba una vida tan tediosa que se sentía morir cada día...Pero no podía dejarlo, estaban unidos de por vida. 

Ella no comprendía cómo él había cambiado tanto y se había amoldado a una vida tan sedentaria y poco a poco empezó a odiar aquella forma de vida y en su afán por ser libre ideó un plan macabro...

La noche de autos, el hombre salía de un bar y andaba zigzagueando. Al pasar debajo de una farola, ella se hizo presente, él la miró entre sorprendido y aturdido por el alcohol tomado con sus amigos. 
Verla frente a él, le hizo recordar vagamente aquel tiempo en el cual ambos jugaban juntos y con la euforia del alcohol y la nostalgia de la infancia, quiso volver a jugar y corrió hacia ella. 
Ella pensó que había llegado el momento de deshacerse de él y con astucia esperó a que él pasara debajo de otra farola. 
Cuando la luz por fin la volvió a iluminar, se plantó delante de un muro de hormigón y él que corría para atraparla, estaba tan ebrio que no calculó sus pasos y su cabeza chocó contra el muro.
El golpe fue mortal, el hombre cayó fulminado en el acto, ella satisfecha se incorporó, despegó su sombra del cuerpo inerte del que había sido su compañero y sigilosamente se pegó al muro desapareciendo en la oscuridad de la noche, era libre. 
(c)BT



lunes, 1 de octubre de 2018

La mensajera

Cogidos de la mano caminaban despacio, ella miró su reloj,-las dos de la madrugada-. Empezaba a trabajar a las tres de la madrugada, aún tenía tiempo...Entraron a una cafetería para tomar un último café, todos los clientes se volvieron a mirarla y es que era una chica inusual; no era guapa ni tampoco fea y menos aún del montón, tenía la tez muy blanca, andaba como un felino y su melena larga parecía estar siempre en continuo moviendo. Sus ojos eran impresionantes, de un raro color, cambiaban con el sol, la chica poseía un magnetismo misterioso y emanaba de ella una extraña atracción, tal vez por eso mismo fue elegida para aquel trabajo.
Se sentaron y pidieron un capuchino, ella miró los ojos verdes de su novio y suspiró mientras él seguía hablando de vivir juntos y luego de matrimonio...Ella guardaba silencio…¿Qué le podía decir? Ella lo amaba claro, estaba loca por él, pero vivir juntos, casarse, eso no podía, su trabajo se lo impedía, ella tenía que estar dispuesta casi las veinticuatro horas del día. Volvió a mirar su móvil, -las dos y media de la madrugada y aún no la habían informado dónde recoger a su pasajero- y empezó a ponerse nerviosa, ¿Por qué no la llamaban? Intuyó que algo no iba bien ya que cuando solicitaban sus servicios, la pantalla de su móvil parpadeaba media hora antes y cuando estaba en el lugar indicado el móvil vibraba y entonces ella ya sabía...

El pánico empezó a apoderarse de su mente, "tengo que irme" -pensó ella- y fue a levantarse, pero entonces su móvil vibró, ella se quedó petrificada, miró a su novio con ojos de amor y palideció de terror mientras le murmuró con un hilo de voz: “¿Tú? Eres tú el pasajero”.

El chico que no entendía nada de lo que ella balbuceaba y bastante inquieto al ver su semblante le preguntó que si se encontraba mal. Ella miró su reloj, faltaban dos minutos para las tres de la madrugada-, empezó a temblar, un frío aterrador empezó a invadirla y las lagrimas invadieron sus ojos, su móvil empezó a sonar, eran las tres en punto de la madrugada y ella, como hipnotizada por el sonido, puso su mano encima de la pantalla, entonces una corriente eléctrica paralizó su cuerpo y la dejó pegada a la silla, ya no podía moverse ni articular palabra y dejó de ser dueña de su cuerpo, sus enormes ojos empezaron a perder color, ahora eran translucidos y su boca muda empezó a abrirse llamando al beso. El novio fascinado, la miraba sin pronunciar palabra y casi hipnotizado y muy atraído  por su  boca, la besó, ella abrió más aún los ojos, no podía hacer nada ni  impedir lo que estaba ocurriendo-, el chico palideció de repente, su boca empezó a congelarse, sus ojos verdes empezaron a perder brillo y mientras besaba a la chica sintió como su último aliento se perdía dentro de ella, lentamente el brillo de su mirada se apagó y expiró...


La camarera empezó a gritar, el cuerpo sin vida del muchacho yacía en el suelo. -¿Está muerto? ¿y la chica que iba con él? ¿dónde está? -preguntaban a gritos los clientes del bar.

La chica caminaba por la acera un poco cabizbaja, el color de sus ojos había cambiado, ahora eran verdes y un brillo extraño habitaba en ellos.

Casi había terminado su trabajo, ya llevaba dentro de ella el alma del pasajero, ahora solo le quedaba entregar el alma a su jefe y su trabajo habría terminado por hoy...Ella nunca hacía preguntas, ni porqués, ni cómo, ni nada, ese era el contrato que había firmado con la muerte. 

© BT