martes, 2 de octubre de 2018

Ménage à trois


   Imagen de chie yoshii

    Blanca estaba en el dormitorio ordenando el armario. Se detuvo un momento en los vestidos de firma, hizo una mueca y acarició con lentitud la fina tela de las prendas...de improviso le entraron ganas de hacer pis.
Oyendo  la llave en la cerradura de la puerta de entrada  supo que él había llegado y con agilidad bajó las escaleras y se tiró a los brazos de Alberto que acaba de entrar a la casa. Alberto la recibió con abrazos y caricias y, juntos se fueron al sofá a seguir con carantoñas y mimos. Blanca estaba feliz, solo le importaba Alberto, él era su amor y ella era su dueña. Con cariño Blanca se sentó en sus piernas, mientras Alberto pensativo, le acariciaba la espalda y ella se dejaba llevar por sus caricias...

Alicia ya había terminado su trabajo y llegaba, abrió la puerta y entró en casa. Llamando a Alberto a voces penetró en el salón. Hizo una mueca de desdén al ver a Blanca sentada en el regazo de Alberto, pero no dijo nada simplemente se sentó en el sofá, besó a Alberto en plena boca y poco a poco fue empujando a Blanca para así ocupar ella su lugar en las piernas de Alberto.
Blanca refunfuñó y se colocó en la otra esquina del sofá. Alberto ni se dio cuenta de ello, él estaba absorto besando los labios de Alicia y acariciando su cuerpo, en aquel momento él deseaba a Alicia.
Blanca cada vez más celosa, se movía en el sofá, ya no podía más, estaba harta de esa situación, este “ménage à trois” tenía que terminar. Y presa de un ataque de celos incontrolados le hincó las uñas a Alicia.

Alicia gritó de dolor:
"Alberto, mira lo que me ha hecho, está loca, me sangra el brazo! en serio te lo digo, o ella o yo, tú decides!" chillaba Alicia.
Alberto no sabía qué decir, miraba a Blanca, mientras Alicia se iba enfadada al dormitorio a buscar una venda...

Blanca se acercó a Alberto reclamando su atención y el hombre suspiró no sabiendo muy bien qué hacer, Blanca llevaba años con él, era su compañera, su amiga ante la soledad... De repente oyeron los gritos de Alicia en el dormitorio y Alberto levantándose del sofá corrió hasta Alicia para ver qué le ocurría.

"Esto se acabó, chillaba la chica fuera de sí, mira mis vestidos, están hechos trizas, ha sido ella, seguro que ha sido ella, me ha roto mis vestidos, y los de firma nada menos, esto es inaguantable Alberto, ella me hace la vida imposible, no te jode, si hasta se ha meado en el vestido más caro que tengo!"
"Alicia, tranquilízate y deja de gritarme..." decía Alberto.

Mientras tanto Blanca seguía en el sofá, había descubierto una mosca e intentaba atraparla, de repente le entró tos. Después de escupir una bola de pelo, se miró las uñas, aún tenía restos de hilos de los vestidos de Alicia y ronroneó de gusto. Se desperezó, lamió su pelo blanco y suave; ese pelo que a Alberto le gustaba tanto acariciar...y pensó con malicia: "tarde más o menos Alicia se irá como las demás, Alberto no aguanta mucho los gritos y las paranoias de las mujeres histéricas y ésta ya está chillando como una loca..."Acto seguido, pegó un salto del sofá  y moviendo su rabo se fue hasta la cocina, de repente le había entrado hambre y mientras saboreaba su paté para gatos, pensó en Alberto y maulló: "Alberto es mío, solo mío". 

© BT




lunes, 1 de octubre de 2018

La mensajera

Cogidos de la mano caminaban despacio, ella miró su reloj,-las dos de la madrugada-. Empezaba a trabajar a las tres de la madrugada, aún tenía tiempo...Entraron a una cafetería para tomar un último café, todos los clientes se volvieron a mirarla y es que era una chica inusual; no era guapa ni tampoco fea y menos aún del montón, tenía la tez muy blanca, andaba como un felino y su melena larga parecía estar siempre en continuo moviendo. Sus ojos eran impresionantes, de un raro color, cambiaban con el sol, la chica poseía un magnetismo misterioso y emanaba de ella una extraña atracción, tal vez por eso mismo fue elegida para aquel trabajo.
Se sentaron y pidieron un capuchino, ella miró los ojos verdes de su novio y suspiró mientras él seguía hablando de vivir juntos y luego de matrimonio...Ella guardaba silencio…¿Qué le podía decir? Ella lo amaba claro, estaba loca por él, pero vivir juntos, casarse, eso no podía, su trabajo se lo impedía, ella tenía que estar dispuesta casi las veinticuatro horas del día. Volvió a mirar su móvil, -las dos y media de la madrugada y aún no la habían informado dónde recoger a su pasajero- y empezó a ponerse nerviosa, ¿Por qué no la llamaban? Intuyó que algo no iba bien ya que cuando solicitaban sus servicios, la pantalla de su móvil parpadeaba media hora antes y cuando estaba en el lugar indicado el móvil vibraba y entonces ella ya sabía...

El pánico empezó a apoderarse de su mente, "tengo que irme" -pensó ella- y fue a levantarse, pero entonces su móvil vibró, ella se quedó petrificada, miró a su novio con ojos de amor y palideció de terror mientras le murmuró con un hilo de voz: “¿Tú? Eres tú el pasajero”.

El chico que no entendía nada de lo que ella balbuceaba y bastante inquieto al ver su semblante le preguntó que si se encontraba mal. Ella miró su reloj, faltaban dos minutos para las tres de la madrugada-, empezó a temblar, un frío aterrador empezó a invadirla y las lagrimas invadieron sus ojos, su móvil empezó a sonar, eran las tres en punto de la madrugada y ella, como hipnotizada por el sonido, puso su mano encima de la pantalla, entonces una corriente eléctrica paralizó su cuerpo y la dejó pegada a la silla, ya no podía moverse ni articular palabra y dejó de ser dueña de su cuerpo, sus enormes ojos empezaron a perder color, ahora eran translucidos y su boca muda empezó a abrirse llamando al beso. El novio fascinado, la miraba sin pronunciar palabra y casi hipnotizado y muy atraído  por su  boca, la besó, ella abrió más aún los ojos, no podía hacer nada ni  impedir lo que estaba ocurriendo-, el chico palideció de repente, su boca empezó a congelarse, sus ojos verdes empezaron a perder brillo y mientras besaba a la chica sintió como su último aliento se perdía dentro de ella, lentamente el brillo de su mirada se apagó y expiró...


La camarera empezó a gritar, el cuerpo sin vida del muchacho yacía en el suelo. -¿Está muerto? ¿y la chica que iba con él? ¿dónde está? -preguntaban a gritos los clientes del bar.

La chica caminaba por la acera un poco cabizbaja, el color de sus ojos había cambiado, ahora eran verdes y un brillo extraño habitaba en ellos.

Casi había terminado su trabajo, ya llevaba dentro de ella el alma del pasajero, ahora solo le quedaba entregar el alma a su jefe y su trabajo habría terminado por hoy...Ella nunca hacía preguntas, ni porqués, ni cómo, ni nada, ese era el contrato que había firmado con la muerte. 

© BT